Interesante las reacciones al último programa de «La Cena de los Idiotés» del «Hora 25» del viernes pasado. Estaban invitados a la cena Ángeles Caballero (pieza de las fijas), la actriz y oyente de «JELO» Alicia Borrachero, Fernando de Córdoba (@gamusino), y el director de cine Víctor Gª León. Lo polémico fue lo de este último.
Como sabréis, porque el espacio lleva tiempo en antena, cada uno de los que van a la cena propone un dilema al resto. Tenéis que ir al minuto 36 del radiochip: Ser de izquierda y llevar a tu chaval a colegio público (pintándolo como un sitio de barrio e inhóspito) o privado (pintándolo como un sitio guay donde además de tener buena educación hará buenos contactos).
El peor de los dilemas es como lo que ocurre con Black Mirror: que los capítulos que más te descomponen no son los más distópicos sino los que presentan un panorama de pasado mañana. Este dilema era interesante porque era un dilema que no parte de unas premisas locas: es un dilema de absolutamente todos los días. La gente tiene hijos y tiene que decidir.
Como ahora estas cosas se cuelgan en Twitter, la gente da rienda suelta a sus opiniones a lo loco. Y aquí es donde viene lo interesante: la gente no opinaba dependiendo de qué harían ellos, sino que la gente se mostraba increíblemente ofendida por cómo el propio director de cine tenía en su cabeza percibía la escuela pública y privada. O sea... Lo que ofendía no era el planteamiento del problema, no ofendía su opción real de vida o de los que allí estaban.... Lo que ofendía era la propia e íntima percepción, la auténtica percepción que tenía Víctor Gª León. ¿Cómo puede ser?
O sea, lo que me parece interesante de todo este tema no es lo que decía la gente, no las opiniones del personal... Era que le gente encuentra ofensiva la opinión personal y percepción libre de una persona. Como si no pudiera pensar lo que le diera la gana basado en las experiencias suyas y de su entorno, que serán las que serán.
El tema me parecía interesante, aún más, cuando conozco gente que es muy del PP y que lleva a sus hijos al instituto del barrio (doy fe), y gente que aparentemente vive en un círculo de Podemos mental permanente, que se esfuerza por que todos lo sepamos, pero a sus hijos los lleva a uno privado por ciertas razones, que todos comentamos que son razones pilladas con alfileres y que nadie nos creemos. Así es la vida... Hay de todo en la viña del Señor, incluso casos extremos.
Pero lo que me parece loquísimo es el oyente (o twitero al que le llega el trocito del programa, que no siempre coincide) y se indigna locamente y dice que esto es un intento de la propia SER para fosilizar el sistema de concertados y privados, como si un invitado que propone un dilema ingenioso (no tan ingenioso) para un programa que va de eso fuera una maniobra de los jefes enfocado a meter cosas en las mentes de los oyentes, que son medio bobos. Como si por fuerza fuera obvio que todo el mundo que escucha la SER no tuviera criterio propio y fuese completamente permeable a todo lo que digan, no como el que opina en ese momento, que ese es el único humano con criterio propio, y que él, sí, él, es el que se entera verdaderamente de la movida.
El interviniente expuso ese tema seguramente porque le parecía buen tema, no porque Aimar le obligara tras una reunión de los accionistas de PRISA con gente de la CONCAPA. El hombre tiene en la mente que existe esa diferencia entre público y privado no porque tenga razón obligatoriamente, sino porque tiene esa percepción. ¿Discutible? ¡Claro que sí! Pero no nos puede indignar ni ofender una percepción íntima que tenga un señor. De hecho, ¿por qué pagaría la gente un colegio privado si no tiene la convicción de que va a obtener algo mejor que algo que no le cuesta dinero? No es necesariamente porque sea mejor: es porque tienen la percepción de que eso es mejor.
Por favor, dejen de inventar conspiraciones... Y céntrense en el tema. El tema en sí era buenísimo. ¿Alguien se imagina a alguna ministra de educación socialista que llevase a sus hijos a un privado? Pues yo sí que me la imagino. En este caso, lo que cabría criticar no es la decisión, sino la hipocresía. El tema era muy bueno. Conclusión: Un tema es tanto más polémico cuanto más cercano es a nuestro día a día y cuanto más «desnuda» las acciones de los propios oyentes y sus entornos.












