No sé si estoy desaprovechando el radiochip de hoy, que es muy comentable... Pero lo utilizaré para hablar de la accesibilidad actual de la música, que es una cosa que no valoramos nada. Uno de los grandes adelantos de la última década y media en nuestro mundo es el acceso casi ilimitado a la música. ¿Que quieres escuchar una canción? ¡Pues la buscas en YouTube! O la buscas en Spotify, o vete tú a saber dónde buscas, pero no te preocupes, que por algún lado la encuentras.
Antiguamente, conseguir una canción tenía mucho más que ver con ser contrabandista de poca monta: alguien tenía una cinta o un cedé y tú lo grababas en una cinta virgen. Que la cosa siguió avanzando: ¿Que alguien la tenía bajada en mp3? ¡Pues grábamela en un cedé virgen, que me he comprado una grabadora!
Sí, una cosa que ha desparecido es lo de las grabadoras. Ya nadie usa de eso. Ya nadie graba cedés. Ya nadie graba cintas... la disponibilidad es loca. ¿Os acordáis de cuando la gente se bajaba de internet (de los sucesores de Napster) un montón de discografías completas de gente que no iba a escuchar en su vida? Había una tendencia aprendida a tener físicamente toda esa música... Cuando, con el tiempo, eso ya no es necesario.
La vida ha cambiado mogollón sin que le demos ninguna importancia. Así que nos vamos a 1994, cuando no todo el mundo usaba el cedé, cuando los locutores de fórmula capaban absolutamente todas las canciones que sonaban por la radio para que nadie las grabase y cuando Los 40 Principales tenía un surtido musical distinto, que es el que procedía en la época. La número 1 en la semana del radiochip de hoy era Gloria Estefan.
Así que Joaquín Luqui grabó lo siguiente para cuando terminara «El Larguero»: el sorteo de cartas para poder conseguir ese número 1 de Gloria Estefan.
¡¡Que la gente escribiera cartas al apartado de correos 222!! Y encima Luqui hablaba del programa de José Ramón como lo que más petaba en la juventud. ¡Es que así era! No quepa duda. Y decía lo de número 1 de programas deportivos porque no sé si ya era el 1 o estaba a punto de serlo.
Fijaos todo lo que ha ido variando la cosa: de pedir que escribieran cartas para dar un cedé a esta década, en la que no escribiría nadie siquiera un email, porque para qué vas a pedir nada si puedes buscarlo al instante en internet. Cuántos capítulos en tan pocas décadas.
















